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Tributo a Joaquin Sabina

El sábado coqueteaba con el domingo ya bien entrada la noche cuando Joaquín Sabina ponía fin al día tan esperado para las más de 14000 personas que meses atrás devorábamos en menos de una hora una venta de entradas que coronaba el ansia de ver de nuevo en “su casa” al maestro tras un lustro sin pisar en solitario el escenario con su banda de canallas entrañables que ya son parte de nuestra familia. Pocos podíamos imaginar lo que estábamos viendo, y es que tras su ausencia durante dos canciones, su conato del “Pastora Soler”, con la mirada perdida, esquiva y a las tablas del Barclays Center o al telepromter anunciaba llegado a la última canción programada que en esta ocasión no iba a haber bises, sin duda el epitafio perfecto para los conciertos de Joaquín Sabina que son la coronación perfecta a los espectáculos que lo han encumbrado como un grande, concluyendo con un “no me siento bien” abnegado en emoción y ojos vidriosos.

El desconcierto, la confrontación entre el reconocimiento en modo de aplauso y la decepción en forma de silbidos. Tanta era la expectación, tan larga había sido la espera, pero sobre todo tan alto es el nivel habitual de los conciertos de Joaquín Sabina que el público, tan ávido al halago como a la crítica fue incapaz de reprimir sus sentimientos enfrentados en una tibia y dolorosa división de opiniones. Lo confieso, fui egoísta en las primeras horas “postgatillazo”. Uno piensa en el “esfuerzo” hecho para estar en Madrid ese día: había planificado mis vacaciones en torno a ese concierto, por lo que había movido fechas y cambiado el destino para poder desplazarme de la eterna primavera de Gran Canaria, al frío de Berlín para poner el broche final en la cálida acogida sabiniana, que la decisión de “privarnos” de los bises en forma de míticas canciones susurradas al alma fue un golpe de digestión pesada.

 

Pero es muy injusto criticar a Joaquín Sabina por lo ocurrido. Y es que este que escribe siempre ha desemplumado su pluma en forma de prosa emulando a su paisano de los Cerros. Me he recorrido el país en forma de carretera y top manta en forma de conciertos y más conciertos; sus canciones han sido banda sonora de mi vida: me he enamorado con sus estrofas, he sobrellevado rupturas más allá de Calle Melancolía, desafiado a Princesas, he movido las caderas al ritmo del pirata cojo, he derramado lágrimas de plástico azul, mientras que a la orilla de la chimenea he despejado cualquier nube negra que ha intentado asomarse. Y es que con Sabina, nos sobran los motivos.

Joaquín, permíteme la osadía de intentar jugar con el noble arte de intentar plasmar sentimientos en estas páginas impersonales virtuales, pero se me ha ocurrido rendirte el homenaje que te mereces. Cuando ese corazón podrido de latir decida convertirte en leyenda de altas esferas (aunque el cura que ha de darte la extremaunción no es todavía monaguillo) se hablará y escribirá mucho sobre tu obra y persona. Y es que sin ser buen ni claro ejemplo para nadie, has sido maestro de todos los que hemos visto en tu música el compañero y el estribillo perfecto de viaje. Algunos han visto la ocasión perfecta para saldar cuentas pendientes en forma de voraz crítica tras la conclusión precipitada de tu último concierto, pero para mí ha sido la ocasión perfecta para dedicarte el tributo a toda una vida musical de un niño de los Cerros, como yo, que tuviste que emigrar de tu tierra para poder encontrar la llave de la ingrata felicidad. Y es que Joaquín Sabina es patrimonio nacional, memoria histórica, una obra impersonal sin fecha de caducidad.

No pierdas besos por no decir te necesito. Nosotros seguiremos aquí. Y es que amores que matan nunca mueren. Y es que la primavera sabe, que la esperas en Madrid.

 

Dentro de unos años podré presumir de haber pasado contigo el mal trago de tu noche más dura, en la que se te apagó la luz y a tu público se nos veló el alma. Y me parece muy justo, tú que tan presente has estado en mi vida sin saberlo, qué menos que haber estado a tu lado en un trance que no es más que una crisis en 500 noches.

Gracias por todo y por nada, maestro Nos vemos en la carretera.

Opiniones sobre la web:

May Pérez Castellano (familiar de paciente)


No solo destacar su labor como buen profesional sino como persona por su trato tan Humanitario hacia el paciente muy cercano y muy amable hacen falta mas personas como Juan ya que muchas veces se olvidan que los pacientes necesitan ese trato humanitario es tan importante como una buena medicación. Enhorabuena por tu trabajo y no cambies nunca porque médicos como tu hay pocos y se necesitan…

Juanjo Ballesteros (periodista)


Es un espacio web muy útil, completo y cómodo. La cercanía con la que el doctor Toral trata a sus pacientes internautas hace que sus consejos queden muy bien entendidos. Además, los videotutoriales (con su acertada línea desenfadada) son herramientas convenientes.

Ángel Barrajón (suscriptor)


Sin duda una buena web donde aclarar muchas de las dudas que de cuando en cuando me surgen. Agradezco el enfoque altamente científico de tus publicaciones.

José Sepulveda (ciudadano 2.0)


Ser médico es sin duda una profesión vocacional a la que uno queda conectado las 24 horas del día y cuando a eso le añades la pasión en el desempeño es cuando surge el innovador servicio de consulta online del Dr. Juan Toral, un médico que ha sabido entender que a medida que avanza la ciencia y se multiplica la burocracia, el acceso rápido y la comunicación de los pacientes con los galenos se vuelve cada vez más complicada,  se acabó el esperar horas innecesariamente para saber si la gripe va en serio o no, para esperar por la interpretación de una analítica , se acabó pedir cita, aguardar cola y perder la mañana esperando en la consulta para resolver dudas que solo están a un click de distancia de ser aclaradas rápidamente por “el médico que llevo en mi teléfono móvil”.  Excelente

Jose Antonio Trujillo (#MedicoMentor de freshhealth.es)


La e-medicina facilita la construcción de nuevos ámbitos de encuentro entre los pacientes y los profesionales. Las nuevas tecnologías solo pueden acercar a las personas si no olvidamos la vertiente humanista de nuestra profesión. El Dr.Juan Toral representa el nuevo humanismo médico 3.0

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