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Breaking Bad

Hay ocasiones en las que el séptimo arte eleva sus estrellas y asciende a la categoría de obra maestra; historias creadas de la nada y elaboradas con mimo, esmero y dedicación, cual creaciones forjadas en los tradicionales hornos de alfarería.

Breaking Bad es un claro ejemplo de todo esto. Surgida de la nada y predestinada al ostracismo del olvido creativo con su argumentación difícil de hilar avocada a las peligrosas arenas movedizas de una crítica (el público) que suele devorar y castigar a los productos sin alma. Pero si algo ha demostrado el padre de la criatura (Vince Gilligan) es alma y pasión, creando a buen seguro y así testificada por críticos de mejor reputación y mayor experiencia que yo, que en Breaking Bad estamos ante una obra maestra digna de ser vista, una parada obligatoria para los amantes del buen hacer hecho historia.

Uno de los mayores logros de Vince ha sido saber “matar” la serie en su eterno punto álgido, sin dar en ningún capítulo durante sus 6 temporadas muestras de cansancio o fatiga, pecado capital de muchos de los creadores de exitosas series que perdieron su encanto por estrujar la gallina de los huevos de oro (cuánto daño hizo los últimos coletazos de Lost).

Cómo podremos olvidar al cándido profesor de química Walter White (sublime Bryan Cranston), varado en el conformismo con el que la vida suele frenar a algunas mentes brillantes, enclaustrado en el día a día de sus clases de Química de Instituto; cómo no quedarse fascinado ante su frenética caída a los infiernos cuando recibe el diagnóstico de un cáncer pulmonar terminal que le hace buscar respuestas inmediatas ante los problemas económicos que va a dejar a su mujer, su hijo con retraso mental y la pequeña que viene en camino. Cómo no asombrarse ante la decisión de crear la metanfetamina más pura jamás elaborada, en esas cocciones que crean yonkis televisivos que necesitan con urgencia que pase la semana para ver el siguiente capítulo. Cómo no querer a la transición más maquiavélica del malo más malo entre los malos, convertido a Heisenberg

Imposible no sufrir con la marioneta en la que parece avocarse el juguete roto de Jesse Pinkman (magistral Aaron Paul), instaurado en la eterna montaña rusa que da el convivir con las drogas. Imposible no sufrir con sus llantos, con su mala suerte, con las pérdidas vitales que se precipitan a lo largo de la narración, un cisne convertido en ganso, una persona que un día vendió su alma al diablo, que intenta desesperadamente encontrar la manera de romper el contrato jamás firmado, amparado por el cobijo de su viejo profesor, con el que inesperadamente termina formando uno de los duetos más esperpénticos pero de mayor nivel de la historia de las series.

Pobre Skyler (bravísima Anna Guun), la engañada esposa de Walter. Sufridora por bandera que afronta con valentía la noticia de la enfermedad terminal de su marido a las puertas del alumbramiento… Pobre Skyler, engañada por la magistral inteligencia con la que Mr. White le oculta su descenso a las alcantarillas, ciega de amor e ignorancia para ver como su perfecto esposo se convierte en el capo más poderoso...Pobre Skyler en su durísimo debate moral, en esa amenaza constante de perder a sus hijos ante tanta locura transitoria convertida en hábito que le hace tomar la para nada previsible decisión de convertirse en lo opuesto a ella y ser la contable de unas financias en negro para las que se convierte en cómplice.

Qué decir de Hank (Dean Norris), el grotesco agente de la DEA tan fino en la ardua tarea de desenmascarar a delincuentes que fue incapaz de ver lo que tenía ante sus ojos. El mismo Hank que pone su vida en juego en más de una ocasión, el mismo que sin saberlo cobijó el engaño más vil del perfecto y enfermo cuñado con su sombrero calado y su perilla afilada. El mismo Hank que regala momentos de máxima tensión, como la escena cerca del final en la que se encierra con Walter en la cochera de su casa…

Y esta Walter Junior (Roy Frank "RJ" Mitte) que pese a su parálisis cerebral termina madurando en parte a las cicatrices que hacen jirones su familia. Y el abogado Saul Goodman (Bob Odenkink), que se convierte de secundario a pieza clave gracias al sobresaliente papel que encarna haciendo suyo; y Gus Fring (Giangarlo Espósito) en la enésima vuelta de tuerca de esta serie sin igual que durante buena parte de la serie fue parte del sustento de ella y que marca uno de los finales de temporada más trepidantes que se han visto jamás en la explosión que terminó con su gran mentira personal. Y al siempre oscuro escudero Mike (Jonathan Banks) empeñado en ser ángel de la guardia de otros pero que no puede frenar las inteligentes cornadas del codicioso Heisenberg. Y la bipolar interpretación de Betsy Brandt como Marie en su constante lucha con la mujer que se precipita en la cuarentena sin haber cumplido sus objetivos vitales.

 

La serie es una joya, y como tal merece ser expuesta en las galerías del museo de la filmografía. Serie con mayúsculas que se despide por todo lo grande, desde las alturas, fiel a sí misma, al sino de la historia que la ha convertido en mítica. En plena vorágine destructiva en la que se convierte el bucle final de Breaking Bad, Walter le termina confesando a Skyler con su áspera voz (la serie tiene que verse en versión original) que “todo esto no lo hice por la familia, lo hice por mí, porque he disfrutado con todo esto”. Gracias Vince por crear esta criatura, que “cayendo mal” (traducción literal de Breaking Bad) nos hiciste partícipes de los alientos vertidos ante el eterno nudo en el estómago que uno tiene a lo largo de toda la serie.

Y haciendo honor a la química sobre la que gira este serie tan bien cuidada, concluir diciendo que es puro Argón y Telurio (Ar18Te 52)

  

 

Posdata: quisiera agradecer al Dr. Carlos López que tanta medicina y lecciones sobre la vida me enseñó a lo largo de mis cuatro años de residencia, como en su día fue recomendarme esta serie que no había escuchado ni conocía y que se ha convertido en un totem. Gracias "profesor White"

Opiniones sobre la web:

May Pérez Castellano (familiar de paciente)


No solo destacar su labor como buen profesional sino como persona por su trato tan Humanitario hacia el paciente muy cercano y muy amable hacen falta mas personas como Juan ya que muchas veces se olvidan que los pacientes necesitan ese trato humanitario es tan importante como una buena medicación. Enhorabuena por tu trabajo y no cambies nunca porque médicos como tu hay pocos y se necesitan…

Juanjo Ballesteros (periodista)


Es un espacio web muy útil, completo y cómodo. La cercanía con la que el doctor Toral trata a sus pacientes internautas hace que sus consejos queden muy bien entendidos. Además, los videotutoriales (con su acertada línea desenfadada) son herramientas convenientes.

Ángel Barrajón (suscriptor)


Sin duda una buena web donde aclarar muchas de las dudas que de cuando en cuando me surgen. Agradezco el enfoque altamente científico de tus publicaciones.

José Sepulveda (ciudadano 2.0)


Ser médico es sin duda una profesión vocacional a la que uno queda conectado las 24 horas del día y cuando a eso le añades la pasión en el desempeño es cuando surge el innovador servicio de consulta online del Dr. Juan Toral, un médico que ha sabido entender que a medida que avanza la ciencia y se multiplica la burocracia, el acceso rápido y la comunicación de los pacientes con los galenos se vuelve cada vez más complicada,  se acabó el esperar horas innecesariamente para saber si la gripe va en serio o no, para esperar por la interpretación de una analítica , se acabó pedir cita, aguardar cola y perder la mañana esperando en la consulta para resolver dudas que solo están a un click de distancia de ser aclaradas rápidamente por “el médico que llevo en mi teléfono móvil”.  Excelente

Jose Antonio Trujillo (#MedicoMentor de freshhealth.es)


La e-medicina facilita la construcción de nuevos ámbitos de encuentro entre los pacientes y los profesionales. Las nuevas tecnologías solo pueden acercar a las personas si no olvidamos la vertiente humanista de nuestra profesión. El Dr.Juan Toral representa el nuevo humanismo médico 3.0

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